jueves, 12 de julio de 2018

Rusia 2018 ya tiene finalistas. Una de las dos escuadras siempre estuvo en la carpeta de las favoritas, mientras que la otra se coló a base de pundonor, sacrificio y buen fútbol.


Francia y Croacia estarán este domingo cerrando la Copa del Mundo Rusia 2018 en Moscú. Los galos, que siempre estuvieron en el grupo de favoritos y fueron los únicos en respetar ese rótulo, llegan tras enderezar una primera fase irregular donde le ganaron dos por uno, gracias al video, a su similar de Australia; luego por la mínima diferencia a Perú que les hizo un gran partido, y cerraron con un pálido empate ante Dinamarca sin goles. En esta fase de grupos solo marcó tres dianas y recibió una en contra, mostrando fortaleza en el sector defensivo donde tenía algunas fisuras que resano el técnico Didier Deschamps antes del torneo.
Ya en la fase de eliminación directa se encontró en octavos contra Argentina a la cual derrotó cuatro por tres en un duelo vibrante y donde la figura de Kylian Mbappé tuvo una jornada brillante anotando dos goles que pusieron a los suramericanos de regreso a casa y a su estrella, Lionel Messi, sin cosechar nada importante a nivel de selección.
En cuartos se midió ante un disciplinado Uruguay que pecó por sus yerros defensivos y se tuvo que ir a casa con un dos por cero definitivo, siendo el segundo equipo de nuestro continente que sufrió ante el potencial exhibido por los franceses.
Luego, en serie Semifinal, se jugó un compromiso apretadísimo ante Bélgica, saliendo del atolladero por la mínima diferencia y evitando el sueño de los Diablos Rojos, quienes le apuntaban al trofeo del mundo.
Durante el desarrollo de la prueba los galos han dado muestra de su capacidad, siendo un colectivo muy joven y dotado de elementos que apenas inician un ciclo bastante prometedor. La velocidad es el arma más poderosa que poseen los franceses, así como su disciplina táctica para recuperar el balón.
Croacia, de otro lado, fue primera de la zona D con nueve puntos, liquidando sus partidos con convicción. Solo Islandia le pudo marcar un gol en esta serie, pero despachó a la Argentina por tres a cero, a Nigeria dos por cero y dos más que le marcó a los islandeses, para una diferencia de más seis.
En Octavos no pudo romper la férrea marca de los daneses y el partido se prolongó hasta llegar a la instancia de los tiros penales donde al final salieron airosos tres por dos tras mucho sufrimiento.
Esta misma secuencia la vivirían en cuartos de final contra los rusos, quienes les empataron a dos tantos en los últimos minutos y prolongaron la agonía hasta quedar resuelta una vez más desde el manchón blanco y de manera angustiosa.
Después de semejante desgaste y tan pocos días para la recuperación, enfrentaron a Inglaterra en la semifinal en un partidazo muy agradable, donde se vieron sorprendidos por un tempranero gol de tiro libre anotado por Kieran Trippier a los 4 minutos, teniendo que esperar hasta el minuto 68 cuando Iván Perisic se jugó en el área para rematar, en un ángulo muy complicado, un servicio desde la derecha y decretar la merecida paridad.
Todo seguiría con una Croacia arrolladora, decidida a liquidar el compromiso en el tiempo reglamentario para evitar una nueva fatiga, pero no les alcanzó el esfuerzo y tuvieron que esperar hasta el minuto 109 cuando Mario Mandzukic aprovechara un balón servido de cabeza por Perisic, otra vez en una pirueta extraña, estando de espaldas al pórtico, para que la pelota regresara a las cinco con cincuenta donde el ariete croata le ganó la espalda al defensor John Stones y cruzara un remate que dejó al arquero Jordan Pickford sin mayores opciones. Fue el delirio en las tribunas.
Croacia ha llegado a una final por primera vez en su historia, apelando a un fútbol práctico, aguerrido, bien jugado y con un esfuerzo físico extraordinario, siempre apoyado por Luka Modric quien es su máxima figura, capitán y referente de vergüenza y sacrificio.
Para este fin de semana los recién invitados a disfrutar de la final esperan conseguir por primera vez un título para su país, aunque en frente tendrán a una selección muy compacta que ya tiene escrito su nombre en la lista de ganadores históricos. Tal vez la experiencia y los deseos sean herramientas favorables para Modric y sus compañeros, quienes saben que los galos tienen todo para sumar su segundo trofeo orbital pese a su juventud. Será un muy buen partido para cerrar una Copa del Mundo que, en general, se tornó agradable y llena de sorpresas.

jueves, 28 de junio de 2018

Apretando nalga Colombia gana el grupo, pero no impresiona a nadie.


Antes del primer partido éramos los favoritos absolutos para clasificar y los más temidos del grupo para enfrentar. Íbamos a cabalgar fácil, sin problemas, como “Pedro por su casa”, hasta que Japón nos devolvió a la realidad y reveló lo que somos: triunfalistas y folclóricos.
Después del dos a uno contra los nipones hubo malestar, tristeza y hasta amenazas, de esas que no faltan cuando dos colombianos discuten y solucionan sus problemas con bravuconadas, trompadas o insultos, porque así como somos de resistentes para apretar nalga cuando la selección juega, así somo de groseros cuando las cosas no se nos dan. Es cuestión de cultura, entiéndanlo, equivocada y dañina, pero así somos, repito.

Lo mejor de todo, es que por primera vez, antes de enfrentar a Polonia, el país y su gente se vio unido, aferrados a la fe y la confianza de que cualquier adversidad se puede superar con esfuerzo y sacrificio, luchando por un ideal, peleando con gallardía. Esos ingredientes que deben primar en todos los renglones de la convivencia.

Hasta el minuto 59, contra Senegal, el otro de los dos favoritos estaba eliminado, enredado y confundido en sus limitaciones, sin poder romper la agresiva marca de los africanos y con escasos tintes de mejoría. Solo la victoria lo podía salvar o acaso que los polacos, esos mismo que despachamos el domingo y que eran tan favoritos como nosotros, nos dieran una mano. De pronto, en las tribunas estalló la algarabía porque un chico de 22 años, un defensor espigado, que nunca había marcado con su selección, rompió el cero en Volgogrado y eliminaba a los nipones transitoriamente, dándonos paso como segundos. Apretamos más las nalgas, cruzamos los dedos, nos persignamos y quien sabe cuántas cosas hicimos para que esto no cambiara. Pese a tener que depender de otro resultado, por lo menos a partir de ese momento Colombia resucitaba y se mantenía en la competencia.

Siguieron quince minutos más de angustia, sumidos en el calor del desespero, con los ojos puestos en la cancha y el corazón acelerado, hasta que la explosión se produjo. Rayaba el minuto 74 cuando Yerri Mina, el espigado central de Barcelona, ese que está sentado esperando pista en el cuadro catalán, se levantó del piso a conectar un balón servido por el talentoso Juan Fernando Quintero desde el sector derecho, explotando el grito de gol en el corazón del pueblo cafetero. Metió un cabezazo certero y al piso que no pudo contener Khadim Ndiaye. De ahí en adelante nadie se sentó. Hubo cánticos, aplausos y muchos abrazos. Pese al esfuerzo final, los senegaleses no pudieron igualar la pizarra y terminaron tendidos en la grama, llorando su tragedia, mientras que Japón, ese mismo que nos devolvió a la tierra con dos goles cargados de humildad y sacrificio, de respeto por el rival, se abrazaba y clasificaba como el primer equipo en hacerlo en un Mundial por el juego limpio.

Al final Colombia terminó primero, pero muy alejado de lo pensado por todos. Llegamos a la cima arañando la agonía, asfixiados por el esfuerzo, pero sin dejar de luchar un solo minuto que fue lo más valioso. No estamos jugando bien, para que nadie se equivoque o lo pregone a los cuatro vientos; nos faltan recursos cuando nos cierran las marcas, tenemos la pelota, triangulamos con ella, pero adolecemos de variantes para penetrar y romper las zagas contrarias. James está tocado, algo serio parece. El soleo de la pierna izquierda, un músculo vital para saltar y poder sostenernos en pie, lo está mortificando. Falcao no brilla, ya marcó su gol, pero sino da más en la próxima salida, por más capitán que sea, que le de paso a Borja. Tal vez un desconocido relaje un poco a la defensa rival y eso nos de los espacios que nos cierran o no podemos generar.


Ahora viene Inglaterra que jugó con sus suplentes frente a Bélgica, en una fase donde no se admiten errores. A ellos le duele la pelota a ras de piso, pero son veloces y complicados por arriba, donde tampoco somos unos maestros. Ellos tienen lo suyo y nosotros lo nuestro, pero más allá de seguir con vida y de no perder las ilusiones, lo importante es aprender la lección y de una vez disfrutar el fútbol como un deporte que apasiona y llena de alegría, pero que no puede ser detonante de más insultos y agresiones entre nosotros si las cosas no son como esperábamos. “Del dicho al hecho hay mucho trecho” como decía mi adorable Clorinda, que en paz descanse, y ahora no somo tan favoritos como antes de iniciar el Mundial. Solamente somos uno de los 16 sobrevivientes y eso hay que disfrutarlo con alegría, ilusión y altura en una prueba donde, por lo visto, cualquier cosa puede suceder.