domingo, 1 de marzo de 2020

Con insípido empate debuta Orlando Soccer en la temporada 2020 de la MLS


En un partido irregular, ante poco mas de 25 mil aficionados, Orlando City Soccer y Real Salt Lake dividieron honores a cero goles en el estadio Exploria de la Capital de la Fantasía.

Después de una temporada 2019 para el olvido, los seguidores de Orlando City llegaron con la esperanza de ver un equipo distinto, con algo más ahora que dirigido por el respetado técnico colombiano Oscar Pareja.

En la primera fracción las acciones favorecieron al local que intentó generar un mejor fútbol a través del juego colectivo. La tenencia del esférico favoreció a los leones en un 51%  pero, contrario a temporadas anteriores donde también se tenía mucho el balón, esta vez el equipo administró el útil de la mitad en adelante, es decir que por primera vez intentó jugar alejado de su portería. De allí la constante presión alta y el gran esfuerzo para recuperar la pelota.

El uruguayo Mauricio Pereyra fue el eje del conjunto púrpura y el hombre que intentó hacer la pausa y generar algunas acciones de riesgo sin que las mismas fueran contundentes. Una de estas se da en el minuto 17 cuando un servicio de Miller por derecha cae en los botines del charrúa quien en remate frontal ve cómo el esférico pega en un rival y sale ligeramente desviado al tiro de esquina (fue la más clara de la primera fracción).

Junto a Pereyra se destacó la pareja de recuperación conformada por el brasileño Junior Urso quien con el ecuatoriano Sebastián Méndez dieron buena cuenta de su labor y cortaron todos los intentos que el tímido visitante procuró. Tal vez, para ser prematuramente aventurados, dieron trazos de ser un medio campo sólido y capaz. Precisamente el ecuatoriano había intentado un remate a puerta sobre el minuto 19 que se fue por encima del horizontal, pero ya se erigía como una de las figuras de los leones. También se debe mencionar el aporte del lateral derecho Joao Moutinho quien fue vehículo de salida por su banda en los primeros 45 minutos. Tal vez salió menos que el lateral derecho, pero cuando lo hizo fue oportuno y claro.

En ataque solamente se mantuvo en punta Tesho Akindele quien no estuvo fino cuando intentó buscar el balón mientras que, jugando por fuera o detrás de Akindele, Chris Mueller fue el hombre de mayor movilidad acompañando en el sector derecho las veloces descolgadas del lateral Ruan, quien una vez más fue fórmula de sorpresa. Miller intentaría sorprender al minuto 38 con un remate de media distancia que salió potente pero lejos de la portería. Quedó tan evidente el parco dominio del local y la pereza del visitante por atacar, que solo hasta el minuto 38, Aaron Herrera, intentó un remate desde fuera del área que exigió, por decirlo de alguna manera, al meta peruano Pedro Gallese quien hasta ese entonces no había tenido ninguna acción

En la parte complementaria las cosas se equilibraron un poco más, toda vez que el visitante adelantó sus líneas, aumentó la presión, se apoderó del útil, pero tampoco tuvo el brillo esperado. En esta fracción Pereyra lucia intermitente y por momentos Benji Michael era el hombre que intentaba mostrarse con un par de desdoblamientos verticales que al final resultaron improductivos. En aras de mejorar la sociedad en el medio, Benji es relegado y le da paso al carioca Robinho quien tampoco acertó a ser una fórmula de salvación.

Con el paso de los minutos la tribuna avivaba a su equipo, pero la falta de claridad en definición evitó que Miller pudiera abrir el marcador cuando en el minuto 73 tuvo la acción más clara con una pelota que logró amortiguar con buena técnica, pero que no supo rematar ante el servicio de Pereyra quien seguía alejado de su función inicial y solamente acertaba a dar pinceladas cuando le daban espacio. Precisamente en una de esas ocasiones, en el minuto 82, consiguió mover la defensa tras un pase a Robinho quien se vio limitado en espacio y dejó que fuera otra vez Miller el que rematara totalmente desviado. Ya a esa altura Méndez había cobrado un tiro libre que llegó sin problemas a las manos de Zac MacMath y otro que lanzó a cualquier parte de frente a la portería cuando la línea defensiva le cerraba la zona.

No fue un buen partido para el local toda vez que se fueron dos puntos que luego hacen falta, pero es indudable que hubo muchas cosas interesantes que la afición supo valorar por medio de sus aplausos, ante un visitante que se aferró mas al juego defensivo que intentar la victoria.

domingo, 15 de julio de 2018

Un Mundial extraño pero divertido


Raro, extraño e impredecible, así se puede definir el Mundial que recién concluye con el segundo título orbital para los franceses. Un Mundial donde los grandes no brillaron y los que lo hicieron se fueron a casa contra todo pronóstico. Inclusive, el nuevo monarca, que se instaló en la final por méritos propios, no lució intratable frente a una Croacia inmensa y deseosa de lo imposible.

En la primera fase avanzaron los que eran, los favoritos en la previa, pero lo hicieron con dificultad y a trompicones, envueltos en situaciones muy complicadas y comulgando con la eliminación a cada encuentro y en todo minuto, pero salvando la lid con esfuerzo y dedicación, porque de eso se trata una Copa del Mundo.

Todos siguieron menos Alemania, el campeón defensor, al que nadie le apostaba en contra porque resultaba atrevido y hasta desquiciado ir en sentido inverso a la lógica de un deporte que no la admite. Pero así pasó y la conmoción se apoderó de la competición porque los “enanos” se rebelaron y dejaron en claro que la distancias se acortan.

La salida de los teutones fue injusta si es que esto existe en el fútbol. Jugó bien, con ganas, arrollando y de frente pero no pudo. Su artillería estaba mojada y hasta los palos le colaboraron para el inmenso descalabro. Desafortunadamente para ellos la historia solo mira los resultados y no la propuesta ni el esfuerzo. Es decir que lo primero opaca lo segundo sin atenuantes.

En la siguiente fase, ahí donde el que pierde se queda, se diluyeron los gigantes poco a poco, de manera intrascendente, sin peso y lastimados en su orgullo. España se marchó abrazando el malestar de una afición que no tuvo piedad con sus comentarios, y con una propuesta ligera y poco dañina.
Portugal y Ronaldo también partieron sin impresionar y dejar ver, a cuenta gotas, algo de lo que exhibieron para ser los más recientes campeones de Europa, en aquella final donde pusieron a llorar a los jóvenes que hoy se ríen como campeones mientras ellos se ahogaron en la insuficiencia.

Argentina y Messi se fragmentaron en la impotencia y mediocridad. Tuvieron un repunte contra Francia, pero lo poco que tenían no les alcanzó y hoy siguen buscando las razones por la pérdida de ese brillo que tanto los enorgullece.

Uruguay, que había dado puntadas de querer todo, se diluyó contra los franceses, y pese a su férrea disciplina quedó firmado como el segundo onceno de nuestro continente al que los galos le negaron el pasaporte a otra instancia.

Brasil, que parecía intocable, se derrumbó frente a Bélgica. Un equipo lleno de figuras se ahogó en el desespero y no pudo definir cuando era superior en la cancha, en su propuesta y generando opciones. Se arrodillaron impotentes al ver como Los Diablos Rojos, que crecían como favoritos, después de pasearse por Europa goleando en casa y por fuera de ella, dando un paso más hacia la deseada meta que de nuevo tuvo en los franceses al equipo imposible, teniéndose que conformar con la histórica tercera casilla que aún celebran.

Los mexicanos, que habían dado la primera puñalada a los alemanes, pero no tuvieron lo preciso para superar a los pentacampeones, celebraron la caída de Neymar y su tropa y se dieron por vengados. Pese a su idílico debut, el no haber superado los Octavos de final les dejó un sabor amargo en la boca.
Colombia, que se veía cómoda en su grupo, terminó apretando nalga para conseguir el pase y encontró en un defensa su cristo salvador. Fue ese espigado moreno, nacido en Guachené, el que extendió la agonía contra los polacos, senegaleses e ingleses, logrando que la ilusión progresara hasta los penales donde la falta de puntería los dejó por fuera y autografiar una historia distinta.

Inglaterra, que llegó sin que nadie esperara mucho de ellos, se instaló en semifinales apelando a un juego simple, veloz y ajustado tácticamente, pero sin grandes figuras. Su juventud le augura un éxito de cara el futuro, dicen los expertos, pero en la cancha no salen de la tradición centenaria de su práctica, de ese futbol repetido y vigoroso. Ni siquiera el goleador del torneo, que solo marcó de penal o a equipos de menor envergadura, pudo ayudarles. Cuando se necesitó de él nunca apareció, pero se quedó con el botín de oro, junto a uno de los mejores arqueros de la prueba.

Por allí También estuvieron Costa Rica, Perú y Panamá. No fueron de paseo, por supuesto, pero tampoco rompieron los vaticinios. Solo los incas tuvieron cuotas importantes de buen juego, pero sin goles nada pasa y así pasó. Casi, casi y otro casi, pero no pudieron. A los ticos y panameños solo les queda seguir trabajando.

Al final el nuevo monarca terminó siendo europeo como sucede desde 2006. Es un campeón justo y debe celebrar por méritos propios en un país que le cumplió al mundo y vivió con intensidad la actuación de su selección, la cual se despidió con sus limitaciones, pero rindiéndole un tributo real al juego ofensivo, físico y sin especulaciones, como es la esencia de un evento que cada cuatro años, literalmente, paraliza al mundo y afecta, sin proponérselo, la economía productiva de las selecciones en competencia.